Post 8: Ru, yo y Joaquín. Nuestra historia

Siempre quise ser mamá. En realidad no siempre. Tuve una época desordenada en la que me dejaba llevar por la vida. Y la vida me mostraba que la maternidad era lo más remoto para mí. Sin embargo, mis hermanas ya eran mamás, mis primas también lo eran, y muchas de mis amigas estaban casadas y embarazadísimas. Y a pesar de que negaba mi deseo de ser madre y reafirmaba la idea de que en la vida uno es feliz con o sin hijos (lo que es totalmente cierto), igual añoraba verme como ellas.  Pero me acababa de divorciar y solo andaba confundida y desorganizada con mi vida. Me aseguraba a mí misma cada día que me quedaría soltera y sin hijos aunque mi mami me atormentara con la idea de congelar mis óvulos o buscar un banco de espermas, a la vez que hacia la promesa con un ex enamorado de buscarnos a los 40 años si los dos no teníamos hasta esa edad pareja o hijos.

Y así andaba, afirmando mi soltería y la imposibilidad de conocer a alguien que sea muy empático conmigo en mis sueños, ilusiones y manera de ver la vida. Además venía con una mochila de depresiones y ansiedad mal tratadas que “nadie hubiese querido asumirlas junto a mí”, me decía.

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Yo antes de conocer a Ru

Era febrero del 2013. Unos días antes había ido a tomar un café con un amigo con el que en ese momento nos motivaba un tema laboral, y en medio de ese café le contaba que estaba un poco “bajoneada” por la mala experiencia que tenía con el chico que salía en ese verano.

– “¿Pero qué esperas de este chico?”, me preguntó.

– “Que se conecte conmigo”, le respondí. “Es filósofo. Es humanista. Pero tiene una visión de la vida tan alejada a la mía”.

Y en todo el rollo que me mandaba le solté ese sueño maltratado que por esa época volvía a apoderarse de mí: “quiero ser mamá”.

-«Mírate cómo estás», me dijo (asumo que lo decía por lo triste que me veía). «No estás en condiciones de ser mamá», sentenció.

En ese momento sentí como un balde de agua helada caía encima de mí y como me congelaba cada segundo que pasaba sin que el calor ni el café de un verano del 2013 cambiaran mi temperatura.

Entiendo que ese comentario lo hacía porque me veía decaída y, claro, en las peores condiciones para ansiar la maternidad. Quizás el mensaje era: oye recupérate tú, y luego ansía la maternidad. Pero como siempre me he caracterizado por ser fatalista. Me quedaba con esa sentencia suya: «no-estás-en-condiciones-de-ser-mamá».

Y así pasaron unos días. Y yo vivía con una tristeza nueva y poco dispuesta a superarla. ¡Esperen! Creo que aún me queda esto de ser fatalista. Lo cierto es que en el fondo sabía que iban a pasar esos días tristes y que, más segura de que mi vida no sería en pareja, me recuperaría e ilusionaría con algo nuevo: un viaje, algún nuevo proyecto del trabajo, etc.

Era ya fines de febrero. Un domingo por la noche. Un domingo donde se celebraba la entrega de los premios Oscar. Todos estaban conectados a las redes haciendo comentarios sobre el tema. Yo estaba echada en la cama de mi mami, medio ida, viendo por ratos la ceremonia, por otros pensando en mis mil temas y por otros leyendo qué se comentaba en el Facebook sobre la premiación. Hasta que pasó.

Uno de mis amigos del Facebook comentó sobre el premio a mejor película que se le otorgaba a “Argos”. Inmediatamente sus contactos empezaban a opinar o responder sobre éste.  Comencé a leer cada uno de esos comentarios y  me encontré con uno con cierto corte político. “¡Qué paja!”, pensé. Sí, justo de esas observaciones que profundizan más el análisis y que, definitivamente, llamaba mi atención, además de coincidir con lo que opinaba. Like. Sí, le di un like. Dos minutos después me llegó una invitación de amistad al Facebook. Rubén Cano Mendoza quiere ser tu amigo.

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Creo que tenemos un cupido :p

“Aguanta”, me dije “¿es el chico al que le acabo de dar like a su comentario?” Chequeé algo de su perfil y teníamos varios amigos de la universidad en común. “Bueno, es alguien de la PUCP”, pensé. “Seguro lo debo haber visto antes y me reconoció cuando entró a husmear mi perfil luego de darle like a su comentario. Lo aceptaré en mi Facebook”, me dije.

Dos días después estaba en uno de los edificios del Congreso de la República (era asesora de Sergio Tejada) y buscaba a un congresista para que firme un proyecto de ley importantísimo (nuestro proyecto de ley universitaria que luego, junto a otros más, se convertirían en la norma que hoy regula y demanda mayor calidad educativa a las universidades de nuestro país). Entré a una de las salas y efectivamente estaba allí el congresista al que buscaba. Dudé en acercarme porque estaba dirigiendo una sesión. En medio de mi incertidumbre sentí que alguien me clavaba la mirada, volteé a ver a quién me estaba mirando y era Rubén. Sí, el chico que hace unos días me había invitado a ser amigos de Facebook y de quien, ok, lo confieso, había chismeado algo de su perfil. Inmediatamente me hice la desentendida y salí de la sala sin la firma que buscaba y arrochada.

Al día siguiente recibí un mensaje en el chat del facebook …  “Sí eras tú ayer en la sesión de Jaime Delgado …. Justamente me pareció verte”

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Sí eras tú …

Todo lo que viene luego es nuestra historia. Nuestra hermosa historia. Todo en nuestras vidas ha sido una vorágine. Enamorarnos. Decidir vivir juntos. Nuestro primer embarazo. La pérdida de nuestro primer bebé. Nuestro Joaquín. Nuestro sueño de darle un hermano a Joaqui. Pero es lo que más hermosamente he vivido y que vivo cada día.

Rubén le devolvió vida a mi vida. No solo soy una mujer amada sino que también tengo la capacidad de amar y de vivir en amor. Nunca me he sentido tan comprendida con mis miedos e inseguridades – ni siquiera con mi psiquiatra que es la mejor profesional del mundo-  como con Rubén. Él tiene la capacidad de decodificarme, de leerme, de hacer telepatía conmigo, de conectarse de la manera más mágica y subliminal. Siempre nos decimos: “nosotros venimos de una historia pasada” porque es bastante particular la manera de entendernos, de engancharnos y enlazarnos.

Muchas veces nos hemos lamentado juntos de no habernos conocido antes, en esta vida. De habernos juntado justo cuando mi reloj biológico me apura con los embarazos y donde solo podemos soñar hasta con dos hijos porque luego podría ser más riesgoso. Pero así han sido nuestras circunstancias y estoy segura que han sido las mejores. Conocí a Rubén después de muchas historias, decepciones y tristezas,  y desterró de mí todos mis temores, ansiedades e insomnios que acumulé por mucho tiempo, a punto de amor, de confianza, de sueños, de cuidados, y de Joaqui.

Se supone que este post iba a tratar de otro tema común a la maternidad y paternidad, lo vulnerable que nos volvemos ante la posibilidad de imaginar que algo puede pasarle a nuestros hijos, pero terminé contándoles de nuestra historia, de ésta que incluso permite que hoy les contemos de esta bonita experiencia de ser papá y mamá de Joaquín.

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Mi chico ❤

 

8 comentarios

    • Sí, esa es la idea, que algún día Joaqui lea todo lo que nos motiva y cómo nos hace crecer como personas al darnos la oportunidad de ser sus papás. Un besote, Lily! Gracias por leernos! =)

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